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Luís Alberto Baraiolo “Acá hice la colimba, acá me casé, acá tuve hijos y acá voy a ser abuelo”

Uno de los tradicionales comercios de Ayacucho como la Casa de Repuestos Basso, cumplirá 70 años y desde Revista La Mirada dialogamos con Luís Alberto Baraiolo, quien hoy se encuentra al frente del histórico local. Allí nos recibe en Sáenz Peña 954 para hacer un repaso de una historia de vida vinculado al mundo del motor. “Acá hice la colimba, acá me casé, acá tuve hijos y acá voy a ser abuelo” dice a modo de sintetizar su paso por la casa de repuestos.

¿Cuántos años aquí Luís?
Tengo una vida acá dentro. Yo estaba trabajando allá por el 78 en el taller de la agencia IKA Renault de la familia Cordonnier. Yo era el cadete en ese momento, a los 12 o 13 años y de tanto venir a buscar repuestos, conocía a Alberto Basso. Y él mismo me dijo si quería venir a trabajar y arranqué el 2 de Enero de 1979. Ya la Casa Basso tenía muchos años porque arrancó en el 50. Este año cumplirá 70 años donde ha pasado mucha gente.

¿Era la única casa de repuestos de esa época?
No, había más pero era de las más grandes. También estaba la casa de repuestos de Padín. Cuando entré a trabajar eran 6 o 7 empleados más el taller de frenos que teníamos enfrente con 3 o 4 empleados más. En esa época estaba Pantaleón Bogado, todo un personaje; el Ronco Medina, Alfredo Martiarena, Mito Corti que atendía a clientes y repartía las facturas. Y del otro lado estaba Nilda Galán de Elola, Stela Irazoqui de Etcheverry, Julia Cárdenas de Italiano. Luego vino a trabajar Patricia Scottu, todos muy buena gente. Y en el taller de enfrente estaba Lito Garberi con sus hijos, Coco Basso y Marito Basso, toda una familia. Y los dueños como Alberto Basso y Adela que hasta hace poco fue mi empleadora, que falleció el mes pasado.

Es un local que es toda una historia…
Sí, tiene un nombre muy reconocido como negocio. Hace unos días también paso a saludar Walter Colavita que fue uno de los más nuevos que trabajó aquí. Me quedan muy buenos recuerdos de todos, incluso hubo más cadetes que pasaron por aquí.

Incluso la Casa Basso se la conoce fuera de Ayacucho, por el respeto que siempre se ganó, no?
Es una característica que tuvo siempre, estar bien con los proveedores, los pagos. Eso te lleva a ser reconocido. Y yo hace un año que estoy a la cabeza del comercio y quiero seguir por la misma línea, tengo la misma escuela. Los proveedores te conocen porque son muchos años que estás en el mismo lugar y porque teníamos un contacto por teléfono, no por internet como es ahora que es más frío. Te ibas haciendo de amistades. Fíjate que yo llamaba y decía “te hablo de parte de Alberto Basso” y todos te conocían ya.

Hoy en día se llama “Antigua Casa Basso”…
Sí, en honor a la firma que me dio de vivir todo este tiempo. Alberto fue comisionista antes de poner el local. Los talleristas le encargaban repuestos y él iba y venía con los pedidos a Buenos Aires en el tren. Iba 3 veces por semana. Y allí surgió la idea de instalarse con un local en la ciudad. Él tenía gente en Buenos Aires que le enviaba las cosas. Alberto falleció en 1985. Era una gran persona con los empleados. Uno tenía que cumplir porque era exigente, recto pero muy noble. Uno venía alegre a trabajar, porque Alberto te apoyaba económicamente. Si uno respondía, él no te dejaba a pié. Cuidaba mucho a sus empleados.
El primer autito que yo tuve lo tuve gracias a él. Cuando le conté que me habían ofrecido un Fiat 600, me dijo que lo esperara 10 minutos y me trajo el dinero para comprarlo y después me lo fue descontando de a poco.

¿El comercio se hizo realmente grande, no?
Sí, estaba el local que era todo repuestos y la parte donde estaban los accesorios. Yo entré a trabajar con la señora de Basso y las chicas. Y enfrente el taller de frenos.

¿Pensaste que acá ibas a estar toda tu vida?
La verdad que no. Yo trabajaba en un taller porque me encantaba la mecánica pero para ayudar más en mi casa sabía que tenía que trabajar de otra cosa. Él me hizo una buena propuesta y se fue dando. Siempre tuve la necesidad de cumplirle porque ellos se portaron muy bien conmigo. Es más, tuve que ir al Servicio Militar y viajar en el 82 al sur por la Guerra de Malvinas y Alberto como su señora nunca hizo que me falte nada. Me mandaban todos los meses el sueldo, eran de mandar encomiendas. Me tocó un año bravo y ellos estuvieron siempre conmigo. Yo siempre estuve muy cómodo acá más allá que tuve propuestas de trabajo pero siempre fui fiel a ellos.

Sigue habiendo familiares de ellos?
No, están los nietos que están en Olavarría que fueron los últimos dueños del negocio pero son profesionales de otra cosa.

¿Cómo fue el proceso de modernizarse por parte de la empresa?
Como el parque automotor de Ayacucho, todo se fue modernizando. Y vos ves el parque de nuestra ciudad y vez R12, Falcon, Senda. Yo pido repuestos a Buenos Aires de esos vehículos y es como que se ríen, pero se consigue. Son autos muy fieles que se siguen usando en el campo. Y con la parte de Internet se ha agilizado mucho. Yo tengo todo actualizado de manera digital. Uno antes hablaba todo por teléfono y estabas 40 minutos hablando dando detalles de lo que buscabas. Hoy ponés un código y listo, es todo mucho más rápido y preciso.

Contanos alguna anécdota de aquellos tiempos…
Hay una cosa que siempre me acuerdo y no sé si es una anécdota pero los clientes antiguos como Néstor Cereza que venía a mitad de cuadra, la sociedad de Pessolano Ceschini, el peluquero Colángelo, el comisionista Otero, y una vez a la semana nos reuníamos en una parrillita enfrente en el taller, y eran momentos muy lindos. Uno tiene muy lindos recuerdos.

Y seguro que hay mecánicos que te conocieron en un taller desde cuando eran cadetes y hoy son los mecánicos mismos, no?
Sí, tal cual. Por ejemplo, Pilo Jatip, Lalo Arrozeres, Pedro Moureu y muchos más. Nos conocemos desde hace más de 30 años. Hay días donde uno tiene tiempo y te ponés a recordar aquellos lindos momentos. Y una clave para el buen vínculo es que si nos venían a buscar un Sábado a la tarde o de noche porque se rompía algún auto en la ruta, sabían que uno venía a abrir sin problemas.

¿Agradecimientos?thumbnail
De agradecer hay mucha gente. A Alberto y su señora, a sus nietos de apellido Aguerre. A los compañeros y a los clientes que me han dado la posibilidad. Ha sido una pequeña gran historia.