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Ponchi Fernández «La historia del Rock en papel»

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Se llama Alfonso pero hay que conocerlo muy profundamente y desde hace tiempo para saber de su nombre de pila, porque la realidad, desde siempre, todos los conocen como “Ponchi”. Creativo por naturaleza, de grandes amistades, de un carisma muy particular, de respirar cultura junto a sus hermanos mayores, Sebastián y Matías, Ponchi es el único de los hermanos que emigró de Ayacucho a La Plata.

Y allí, claramente, fiel a su estilo, siguió con su vida pueblerina pero en la capital provincial, sin perder de vista los gustos, las pasiones, el periodismo, los hobbies como en este caso lo es poseer una colección de revistas de rock única en todo el país, con alrededor de 6500 ejemplares. Con él dialogamos desde Revista La Mirada para que nos cuente sobre su presente, que lógicamente está apoyado en un gran pasado.

Ponchi, en qué año te fuiste a La Plata y cómo fue ese camino que incursionaste hasta la actualidad en tu formación profesional y familiar?

Llegué a La Plata en 1993. Vine a estudiar Periodismo y con los años me fui vinculando cada vez más, laboral y afectivamente, con la ciudad. Siempre me gustó La Plata; para un amante del rock es una gran ciudad para estar. Vivimos en casa mi esposa Mariela, mi hija Ema, mi archivo de revistas de rock (más vivo que nunca), y yo.

Tenemos conocimientos que contas con una gran colección de revista de Rock. ¿Cómo fue lograr ese fanatismo de tener unas de las colecciones más grandes del país?

Fue un proceso. No es que un día me desperté y dije “a partir de ahora soy coleccionista de revistas de rock”. Se fue dando naturalmente, y por etapas, desde hace más de 30 años. No siempre fue con la misma intensidad, ni los mismos recursos, claro; la fui armando como pude y hoy es uno de los archivos de rock de referencia para muchos de los periodistas especializados.

Siempre marco el inicio de la colección en una escena de fines de los ´80 en el kiosco de Dastin, allá, en Yrigoyen y Saenz Peña, cuando fui a preguntar si tenían a la venta revistas Cantarock –que, por otro lado, ya hacía un par de años había dejado de salir- con la fortuna de que detrás mío estaba esperando su turno José Gencarelli. Al escuchar mi insólito pedido, me dijo que él tenía algo para darme y cayó un par de horas después a mi casa con una pilita de Toco & Canto, Cantarock y Magazine 220 Rocks de regalo. Ese fue mi primer tesoro durante algunos años. Después, ya en 1991, iba a la distribuidora de revistas de Montanari a comprar la Rock en Blanco y Negro que salía semanalmente y se especializaba sólo en rock argentino; también alguna Generación X, que es la revista que sacaron para competirle a la exitosa 13/20. Esa es la etapa ayacuchense del archivo.

¿Qué se siente saber que sos la fuente de una gran información de grandes bandas musicales del rock argentino?

Desde lo personal, nada especial. Forma parte del laburo cotidiano; el intercambio con colegas es permanente. El mío es un archivo sobre el que baso mi propio laburo especializado en rock –para el libro que estoy escribiendo, o para el programa en Radio Universidad de La Plata-, y que sirve de consulta constante a muchos colegas de Capital y todo el país, que laburan para distintas editoriales o publicaciones como Rolling Stone o el suple Radar de Página/12. Lo importante es contribuir, de alguna manera, para que las investigaciones que se hacen sobre el rock argentino, estén mejor chequeadas, con datos fiables, con las fechas ajustadas lo mejor posible. La bibliografía clásica del rock argentino, los libros con los que nos formamos los de mi generación, están plagados de errores o datos imprecisos que, haciendo una mínima pasada por el archivo disponible en la actualidad los evitás, o los corregís. Ese creo que es el mayor mérito de mi archivo/colección.

¿En qué lugar de tu casa las expones?

El archivo ocupa toda una habitación, que antes era de mi hija Ema. No es un cuarto grande, pero están repletas las paredes, del piso al techo, con estanterías y revisteros. Cuando me quedé sin espacio, mandé a hacer dos repisas móviles que son bien anchas y se cargan por ambos lados, que ocupan el centro del cuarto, pero que se la pasan viajando por toda la casa. “Yendo de la cama al living”, como decía Charly.

¿Cuál es tu preferida y si tuvieras que elegir entre todas para una exposición que numero de revista elegirías?

Entre mis favoritas están Expreso Imaginario, que salió exactamente durante los años de la dictadura, con un contenido muy piola, contracultural, y es la primera que empieza a publicar las notas con firma. De modo que los lectores comenzaron a reconocer a los diferentes periodistas especializados y a seguir sus publicaciones. Una revista muy cálida también en la relación con los lectores –cosa que por ejemplo Pelo no tenía-. Mi otra gran favorita es Cantarock, uno de los más grandes éxitos de ventas de toda esta historia. De chico quería imitar las caricaturas que aparecían en la tapa, sin ningún éxito, y también me ayudaba, como a tantos, a hacer los primeros rudimentos en la guitarra, ya que traía las letras de los temas con los acordes para tocar. Para una generación entera Cantarock fue el primer –y muchas veces el único- profesor de guitarra. Y como tercera opción me gustaría mencionarte a La García. Una revista que duró apenas dos años y medio pero que fue muy intensa ya que el primer año fue de salida semanal. Apareció en el ´99 como una reacción argentina a la Rolling Stone (de ahí entre otras cosas su nombre: “si la franquicia extranjera se llama Rolling Stone nosotros acá tenemos que ponerle… ¡La García!”) publicando el contenido que no calificaba en aquella; sobre todo rock barrial. Lo más destacable es el uso del humor que hacían allí. Era muy buena. La hacía el mismo grupo de gente que pocos años después sacaría la revista Barcelona.

Entre las tapas que seleccionaría para una muestra intentaría contar la historia del rock argentino a través de cinco o seis portadas. No pueden faltar el primer número de JV, de 1967, con Los Gatos en tapa en pleno éxito de La Balsa; la legendaria tapa de 1978 del Expreso Imaginario en la que a John Travolta le revientan un tomatazo en el rostro como una reacción rockera contra la música y la cultura disco representadas por la película Fiebre de sábado por la Noche y su protagonista; la Pelo del BARock IV de 1982 con Piero y los claveles blancos en el escenario, no por Piero sino para poder contar Malvinas y la prohibición de difundir rock en inglés; otra sería la Esculpiendo Milagros que vuelve al recurso del tomatazo, pero esta vez se lo pegan a Tanguito, como ruptura con la tradición rockera clásica y en favor de lo que se llamó el Nuevo Rock Argentino; y alguna Rolling Stone de los últimos tiempos, ya que es, junto con Billboard, de las poquísimas que siguen saliendo en papel.

¿Cuál es tu grupo o solista preferido?  

Siempre me gustó el rock argentino. Varios solistas y bandas, y en diferentes estilos, pero puede decirse que soy clásico, “de manual”. Si tengo que elegir sólo a uno, me quedo con Charly, el gran responsable de mi pasión de siempre por el rock argentino, el que prendió la mecha. Hice todo el caminito iniciático: desde indagar en los casetes de Sui Generis quién era el fulano que aparecía como autor de los temas con su nombre entre paréntesis, pasar de ahí a conseguir sus casetes solistas, y de allí a verlo en vivo a mis 14 años en el Superdomo de Mar del Plata presentando Parte de la Religión.

¿Te gustaría exponerlas en un museo u organizar una exposición para que chicos jóvenes conozcan de nuestro Rock?

Sí. He dado un par de charlas sobre la historia de las revistas de rock en Argentina, con las revistas desplegadas en la mesa para que los chicos puedan interactuar con ellas y saber al menos que hubo un tiempo en donde las novedades, en materia de rock, llegaban en papel.

En una entrevista que publicada por Red92.com, Ponchi se menciona el hallazgo de Ponchi sobre el gran Flaco Spinetta. “Cuando National Geographic estaba a punto de estrenar su documental dedicado a Luis Alberto Spinetta, un hallazgo inesperado sacudió los cimientos del universo spinetteano. En algún punto de La Plata, un coleccionista había encontrado un dibujo firmado por un jovencísimo Luis y publicado en la revista Disney Club durante 1964: un payaso melancólico que parecía anticipar la tapa del histórico álbum debut de Almendra. El responsable de ese tesoro se llamaba Alfonso “Ponchi” Fernández: es el dueño y custodio del archivo más completo de revistas de rock”, publica dicho medio.

En la actualidad, Ponchi no solo mantiene dicha fantástica colección sino también co conduce el ciclo Los Subterráneos: un programa de FM Universidad de La Plata, que reconstruye la historia de los medios gráficos de la cultura rock en nuestro país.

También el medio colega destaca que la colección “no es un mero depósito. Con celo de bibliotecario, Fernández ingresa cada ítem en un archivo Excel y agrega allí una descripción: tapa, sumario, año, mes. Luego envuelve cada ejemplar en un sobre de nylon y lo ubica con precisión en los estantes o revisteros” publica el medio citando un textual. “Si no está el Excel, es un galponcito. Solamente ese archivito hace la diferencia. Si estás dos días revolviendo para encontrar la revista, no tenés un archivo”.

Nota en papel en La Mirada, revista

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